
(Brenda Escobar/ Zihuatanejo, Gro, a 14 de enero de 2026).-Familiares de pacientes renales del Hospital IMSS-Bienestar, Bernardo Sepúlveda Gutiérrez, en Zihuatanejo, dieron a conocer que el director del nosocomio, Ernesto Zavala Lorenzo, les informó que tendrán que esperar cuando menos 30 días más para que se restablezca el servicio de hemodiálisis en ese hospital, por lo que mientras tanto, tendrán que seguir atendiéndose en la clínica subrogada del Seguro Social que se ubica en la colonia El Hujal, en este puerto.
El 1º de enero de este año, los 105 pacientes renales y sus familiares, fueron informados por Zavala Lorenzo que a partir de esa fecha, finalizó el contrato con la empresa Comermex Ozuba, que subrogaba ese servicio para la Secretaría de Salud, por lo que ahora sería el IMSS-Bienestar el que estará a cargo de darles ese servicio médico, con la promesa de que además de gratis, será integral, pues tendrán acceso a especialistas como nefrólogo, médico internista, nutriólogo, médico familiar, psicólogo y dentista, servicios con los que no contaban en la clínica privada subrogada.
Ese día, el director les pidió aguantar un plazo de 10 días para que de nueva cuenta regresen a este hospital a seguir recibiendo sus sesiones de hemodiálisis, pero el IMSS-Bienestar no cumplió, lo que motivó a que personas altruistas de este puerto, en apoyo a los pacientes renales, se manifestaron el sábado 10 en Petatlán, durante la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, para hacerle saber que estaba cerrado el servicio de hemodiálisis.
Los pacientes también se organizaron y aún con todo y sus problemas de movilidad por lo delicado de su salud, se organizaron para ir el lunes 12 al hospital a hablar con el director Ernesto Zavala, quien les pidió que acudieran este martes para tenerles una respuesta.
El familiar de uno de los pacientes, quien estuvo en la reunión, comentó que Zavala Lorenzo les informó que apenas recién acababan de llegar los trabajadores de la empresa que hará la remodelación de la clínica, por lo que tendrán que esperar 30 días para que el espacio esté en las condiciones adecuadas que exige la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, mientras tanto, tendrán que seguir atendiéndose en la clínica subrogada del IMSS en la colonia El Hujal.
Agregó que el director les estableció que no es garantía que sólo sean 30 días de espera, sino que el plazo pudiera extenderse unos 10 días más, es decir, 40 días.
El familiar comentó que algunos de los pacientes expusieron que en la mencionada clínica no los están atendiendo como debe de ser, pues de tres o cuatro horas que necesitan para que su sangre sea filtrada, sólo les dan dos horas, por lo que la salud de algunos de ellos está deteriorándose.
Dijo que el compromiso que hizo el director fue asignar a una doctora exclusivamente para atenderlos a ellos en el sentido de que si necesitan algún medicamento para que lo reciban en su sesión de hemodiálisis, ella les extienda la receta de inmediato para que no pierdan tiempo; también les ofreció que se hará una lista con los nombres de los pacientes que necesitan tres sesiones a la semana para que se las den completas y que seguirá gestionando ante el IMSS-Bienestar para que se le dé celeridad a la remodelación.
Enseguida, comentó que hay preocupación entre los pacientes y sus familiares, pues este martes falleció uno de sus compañeros, “el temor es que debido a que no es la misma atención que les venían dando y que es un poco tardado que reciban su sesión, la salud de ellos se deteriore y empiecen a fallecer”.
Una lucha de más de 20 años.
En Zihuatanejo, la supervivencia de un enfermo renal nunca ha dependido únicamente de una máquina de hemodiálisis, sino de la terquedad de quienes se negaron a morir en el olvido burocrático.
La historia de la unidad de hemodiálisis que hoy se conoce en el hospital Bernardo Sepúlveda, no se escribió en oficinas gubernamentales, sino en el asfalto de las carreteras y en la exigencia de pacientes que, cansados de ver morir a los suyos en el trayecto a Acapulco, decidieron alzar la voz.
Todo comenzó con el impulso de una mujer que, pese a ser extranjera, hizo de la carencia local su propia batalla. Esther Walter, paciente renal, vivió en carne propia el calvario de los traslados agotadores.
Junto a su esposo Helmut Walter y el Club Rotario de Zihuatanejo, sembró la semilla de lo que hoy es la unidad de hemodiálisis en el Hospital IMSS-Bienestar, Bernardo Sepúlveda Gutiérrez.
Aunque la señora Walters no alcanzó a ver el corte del listón en aquel octubre de 2005, su visión rompió la inercia de un sistema que obligaba a los enfermos a elegir entre el cansancio extremo o la muerte.
Fue su esposo Helmut quien continuó con el compromiso de ella, incluso después de su fallecimiento, asegurándose de que el proyecto de la clínica de hemodiálisis en el hospital se concretara.
Sin embargo, la lucha no terminó ahí. Para los derechohabientes del Instituto Mexicano del Seguro Social, el calvario tenía otro nombre: subrogación.
Fue ahí donde, en los años 2012 al 2015, sobresalió la figura de don Maximiliano “Max” Dorantes, un hombre de temple firme a quien muchos recuerdan por su capacidad de aglutinar el dolor y convertirlo en movilización.
Don Max no sólo pedía mejores máquinas; exigía dignidad. Encabezó plantones y bloqueos, denunciando esos “tratos inhumanos” donde el IMSS, por falta de pagos a clínicas privadas o por negligencia administrativa, suspendía tratamientos que eran, literalmente, el hilo de vida de decenas de trabajadores y jubilados.
“El tiempo es vida”, solía decir, mientras organizaba la Asociación de Pacientes Renales de la Costa Grande, para que ningún otro compañero tuviera que desfallecer en un autobús de línea de regreso de Acapulco o Lázaro Cárdenas.
Hoy, a dos décadas de aquellos primeros esfuerzos y en medio de la transición al sistema IMSS-Bienestar, el eco de don Max y de Esther Walter sigue resonando en los pasillos de las clínicas de Zihuatanejo.
Sus historias nos recuerdan que, en la Costa Grande, la salud pública no ha sido una concesión gratuita del estado, sino una conquista arrebatada a base de resistencia y memoria.








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