
Abril 07,2026/Brenda Escobar/Zihuatanejo
Este lunes de Pascua en la playa El Palmar de la zona hotelera l de Ixtapa, el sol no dio tregua; la arena quemaba y el viento arrastraba ese calor pegajoso que sólo se calma con la brisa que viene del mar.
En cada uno de los tres accesos a este balneario, frente a las olas que revientan con fuerza, la bandera roja ondeaba advirtiendo lo obvio, el mar está bravo y no es para cualquiera: prohibido nadar, se advierte.
Entre los turistas que aprovechan estos días de descanso, destaca una familia que viene de lejos; son de León, Guanajuato.
Lucía, una madre soltera que sacó adelante este viaje con puro esfuerzo, trajo a su hijo Mateo, de apenas cuatro años, para que conociera el mar, pero no vinieron solos; la acompañan su hermana, su cuñado y sus sobrinos, formando ese bloque familiar que se
cuida en las buenas y en las malas.
Para Mateo el mundo cambió hoy, sus ojos no se despegan del agua; acostumbrado al Bajío, el niño se quedó impresionado al ver la espuma blanca que dejan las olas al romperse, “es mucha agua, mamá”, fue lo que alcanzó a decir mientras corría a la orilla del mar para posar para una foto que quedará como testigo de la primera vez que conoció el mar y fue en Ixtapa-Zihuatanejo.
Lucía observa a su hijo y sonríe; sabe que el sacrificio de los meses de ahorro valió la pena. “ver a Mateo hundir sus pies por primera vez en la arena húmeda es mi mejor recompensa”, comenta.
Para ellos, estas no son sólo vacaciones, es el recuerdo de una madre que cumplió la promesa de llevar a su hijo a conocer la inmensıdad del océano.
Mientras tanto, la vida en la playa sigue. Los paracaídas cruzan el cielo azul y los bañistas caminan por la orilla, ignorando a veces la advertencia de la bandera roja, en un lunes donde el sol de Guerrero parece querer fundirse con la arena.








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